El Patrón de la Historia de la Redención

por Roberto D. Brinsmead



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Cristo: El Significado de Toda la Vida



La religión de los santos del Antiguo Testamento es una religión de recitación de los grandes actos de Dios. Cuando decimos recitación, no queremos significar re validación. Los grandes actos de Dios son únicos e infinitos. No pueden duplicarse. Aunque son hechos para el hombre, son hechos aparte de la actividad humana. El hombre no contribuye a ellos. Son hechos completamente sin la participación o cooperación del hombre. En lo que concierne a la religión bíblica, el hombre debe abandonar cualquier pretensión arrogante de revalidar las poderosas obras de Dios <Juan 6:28, 29>. Se le llama para que las cuente, recite y celebre (Jue. 5:11). Los actos de

Dios deben recordarse en celebración agradecida. Tal es la esencia de la adoración bíblica.

Dios no confía al hombre la tarea de idear las formas en que ha de recitar y celebrar sus obras. Por ejemplo, cuando Dios creó el mundo, instituyó el sábado. Cuando libró a Noé del diluvio, puso el arcoiris como la señal recordativa de su acto salvador (Gen. 2:1-3; 9:13-17). Cuando rescató a Abraham y lo hizo entrar en un compañerismo pactal con él, le dió la señal de la circuncisión.

El éxodo es el gran evento de la historia de Israel. Dios quería que su pueblo recitara y celebrara este evento en todas las generaciones venideras. Todo el sistema de adoración de Israel se fundaba en el éxodo.

"Y acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido: por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día del reposo"-Deut. 5:15.

Se usan palabras casi idénticas para presentar la razón por la cual Israel guardaba todas las fiestas del calendario hebreo-la pascua <Exo. 12:27; 13:3-9), la fiesta de los panes sin levadura (Deut. 16:3), el Pentecostés (Deut. 16:10-12) y la fiesta de los tabernáculos (Lev. 23:41-43; Deut. 16:13). La liberación de Egipto fue también razón para que Israel trajera las primicias al tabernáculo (Deut. 26:1-9) y redimiera todo primogénito (Exo. 13:2, 14-16). Toda institución religiosa proclamaba el mensaje:

"Y acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido". Israel adoraba a Dios (daba a Dios su valor) recitando lo que él hizo por ellos en el exodo.

Esta recitación del exodo no constituía solo el punto focal de todas las instituciones sagradas de Israel. Era también la base de su ética:

Amarás pues al extranjero; porque extranjeros fuisteis vosotros en tierra de Egipto. A Jehová tu Dios temerás, a él servirás, a él te allegarás, y por su nombre jurarás. El es tu alabanza, y él es tu Dios, que ha hecho contigo estas grandes y terribles cosas que tus ojos han visto. Con setenta almas descendieron tus padres a Egipto; y ahora Jehová te ha hecho como las estrellas del cielo en muítitud.

Amarás, pues, a Jehová tu Dios y guardarás su ordenanza, y sus estatutos y sus derechos y sus mandamientos, todos los chas. Y comprended hoy: porque no hablo con vuestros hijos que no han sabido ni visto el castigo de Jehová vuestro Dios, su grandeza, su mano fuerte, y su brazo extendido. Y sus señales, y sus obras que hizo en medio de Egipto a Faraón; rey de Egipto y a toda su tierra; y lo que hizo al ejército de Egipto, a sus caballos, y a sus carros; cómo hizo ondear las aguas del mar Bermejo sobre ellos, cuando venían tras vosotros, y Jehová los destruyó hasta hoy; y lo que ha hecho con vosotros en el desierto, hasta que habéis llegado a este lugar; Y lo que hizo con Dathán y Abiram, hijos de Eliab hijo de Rubén; cómo abrió la tierra su boca, y tragóse a ellos y a sus casas, y sus tiendas, y toda la hacienda que tenían en pie en medio de todo Israel: Mas vuestros ojos han visto todos los grandes hechos que Jehová ha ejecutado. Guardad, pues, todos los mandamientos que yo os prescribo hoy, para que seáis esforzados; y entréis y poseáis la tierra, a la cual pasáis para poseerla.-Deut.

No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová, y os ha escogido; porque vosotros érais los más pocos de todos los pueblos: Sino porque Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano fuerte, y os ha rescatado de casa de siervos, de la mano de Faraón, rey de Egipto. Conoce, pues; que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta las mil generaciones; y que da el pago en su cara al que le aborrece, destruyéndolo: ni lo dilatará al que le odia, en su cara le dará el pago. Guarda por tanto los mandamientos, y estatutos, y derechos que yo te mando hoy que cumplas.-Deut. 7:7-11. Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos. No tendrás dioses ajenos delante de ml.-Exo. 20:2, 3.

Por lo tanto, la ética de Israel estaba fundada sobre la redención; y no la redención sobre su ética. La liberación de Egipto se convirtió en la razón de todo el comportamiento de Israel. Habían de vivir delante de Dios, delante de los suyos y aún delante de los extranjeros en el espíritu de la agradecida recitación del éxodo. Todo cuanto Israel hacía-la forma como guardaba sus días santos y festivos, la forma como trataba con el pobre, la forma como instruía a sus hijos, la forma como cosechaba sus campos, la forma como mostraba hospitalidad -era una acción recordativa del éxodo. No podemos sobre-estimar la importancia de la recitación continua del éxodo en Israel. Muchos de los salmos están dedicados a recitar el éxodo (Sal. 66, 78, 105, 106, 111). Tales salmos demuestran que recordar es creer, y que olvidar es incredulidad. Cuando Israel se olvidó de vivir en agradecida respuesta al acto salvador divino, se olvidó de su prójimo y vivió sin justicia, misericordia o humildad (Miq. 6:1-8).

Cuando Israel y sus santos intercedían ante Dios, sus peticiones sostenían frente a Dios sus actos pactales (2 Cro. 20:5-12; Dan. 9:1-19). Recitar el éxodo no consistía en una mera memoria. Cuando se recitaba el pacto, Dios se acordaba del pacto. Esto no significa que se le olvidara alguna vez. El recordar es un concepto hebreo dinámico. Significa que Dios actuaba para reafirmar y llevar a cabo su propósito pactal. Todo el poder del acto salvador original acompaña la recitación de ese acto. Esto queda ilustrado al golpear Moisés la roca. Dios no quería que Moisés revalidara el golpe de la roca. Había de ser herida una sola vez. Desde entonces, la recitación del acto bastaría para sacar agua de la roca <Núm. 20).
Cuando Josafat, en su angustia, recitó el éxodo, se reveló el poder del éxodo, librando a Judá de sus enemigos (2 Cro. 20). Cuando Daniel recitó el pacto, la obra de Dios se movió adelante. ¡ No es maravillía que el príncipe del mal obrara para arrojar a Daniel al foso de los leones! El quería terminar con la intercesión de Daniel (Dan. 6:9, 10). El poder y la presencia de Dios, como se revelaron en el éxodo, estaban presentes siempre que se recitaba el pacto. La recitación pactal no es, por consiguiente, un mero memorial. Es un acto de fe, en el que Dios está presente para reafirmar su acto pactal original.

Recitando la Muerte y Resurrección de Cristo.

Si aprendemos que la naturaleza esencial de la vida y adoración de Israel consistía en la recitación del éxodo, luego, estamos listos para apreciar en la misma luz el Exodo del Nuevo Testamento. El principio de la existencia cristiana es también la recitación. No obstante, la recitación y celebración de la comunidad cristiana debe ser mayor. Jamás bastarán las viejas canciones de liberación, porque los actos antiguotestamentarios de liberación fueron sobrepujados por una liberación que tan sólo podían reflejar. El acto de Dios en Cristo es absolutamente único e irrepetible. Dios mismo no puede repetir ni añadir cosa alguna a lo que hizo. El Cristo Intercesor a la diestra de Dios no revalida su obra y muerte. El mismo la recita. Como Abogado nuestro, presenta el argumento de su sangre y justicia a favor nuestro. La obra del Espíritu consiste en explicar las glorias del Cristo crucificado y resucitado por nosotros (Juan 6:13, 14). "El Espíritu Santo no añade cosa alguna. Sencillamente nos habilita para echar mano de ello y vivir por ello".'

Dado que ni el Padre, ni el Hijo ni el Espíritu Santo pueden revalidar la muerte y resurrección de Cristo, entonces queda claro que la comunidad cristiana sólo puede recitarlo y mantenerlo en mente. Hay cuatro formas en las cuales recitamos la muerte y resurrección de Cristo:

Mediante la Predicación del Evangelio. Esto es primario. El Evangelio es la recitación de la muerte y resurrección de Cristo. La gente es salva sólo si guarda en mente lo que sucedió y lo que les ha sido dado (1 Cor. 15:1-4). Sin embargo, esta recitación es más que una memoria del Calvario. El Evangelio se predica con el Espíritu Santo enviado del cielo (1 Ped. 1:12). Por este medio, el Cristo crucificado es anunciado ante los ojos de los que escuchan, en tal forma que el evento del pasado está allí misteriosamente presente (Gál. 3:1).

Debido a que el poder de un acto pactal está presente en la recitación del acto, el poder de la resurrección está presente en el Evangelio (Rom. 1:16). La Roca de nuestra salvación sólo necesitó ser herida una vez. Y concede su corriente vivificante cuandoquiera se recita el acto.

La iglesia viene a la vida mediante la predicación del Evangelio. ¡Ay del predicador que trata de distraer o entretener al rebaño con nuevas invenciones! Debería, más bien, mantener ante ellos las escenas del Calvario, mediante la recitación continua de la muerte y resurrección de Cristo (Gál. 1:6-8).

Mediante los Sellos y Señales o Signos. El Nuevo Pacto tiene sellos y signos-prendas y muestras visibles de las promesas de Dios-justamente igual como hubieron sellos y signos en el Antiguo Testamento. El bautismo y la cena son dos signos y sellos del pacto. Los puritanos y sabatistas incluyen el cuarto mandamiento de la ley moral como la tercera señal y sello del pacto.2 Estamos conscientes de que el bautismo, la cena y el sábadohan sido áreas de feroz contienda entre los cristianos. Algunos antinomianos y dispensacionalistas afirman que no se necesita signo ni sello alguno. Otros dicen que alguno de ellos, o todos, son absolutamente necesarios para salvación. Con todo, otros afirman que son - '~necesarios ordinariamente"-necesarios en circunstancias normales. Luego surge la pregunta de si Cristo está realmente presente en el sello y signo del pacto, y de estarlo, en qué forma. Este no es el sitio para tratar de contestar todas estas preguntas. Pero sugerimos que hay gran beneficio en pensar de los sellos y señales en términos de medios señalados para recitar y celebrar la obra consumada de Jesucristo.

Por ejemplo, el bautismo no es una revalidación del Calvario. Es un medio de recitarlo. No es primordialmente una señal de la dedicación del cristiano al Señor. Es la prenda de Dios, que indica que el creyente puede pararse ante él con una buena conciencia, por causa de Jesucristo (1 Ped. 3:21)2

En cuanto al argumento sobre la presencia de Cristo en la cena, podemos decir que la cena es claramente una recitación de la cruz <"haced esto . . en memoria de mI"-1 Cor. 11:25). Pero, como dijimos anteriormente, la realidad salvadora de ese acto irrepetible está presente en la recitación pactal. La cena no es un mero servicio memorial. Cristo está allí presente para dar las prendas visibles de su promesa pactal.

En cuanto al argumento de guardar cualquier día santo, permítasenos señalar primero un hecho: que cualquier día está vacío en sí mismo. Ninguna cosa creada tiene significado o valor en sí misma. La naturaleza de un signo es señalar lejos de si a otra cosa. Por lo tanto, lo importante es no concentrarse en el signo mismo, sino en aquello con lo que está relacionado.

Desde el Antiguo Testamento queda claro que el día de descanso fue instituido y santificado en la creación (Gén. 2:1-3), nuevamente en el éxodo (Exo. 20:8-11; 34:21; Deu. 5:14, 15), y repetido en la renovación del pacto, después del exilio en Babilonia (Isa. 56:1-6; 58:13, 14). Pero estos eventos antiguotestamentarios fueron por causa de Jesucristo. Apuntaban a él y reflejaban el descanso que santificó mediante su propia sangre (Heb. 4:1-10). ¿Quién puede dejar de ver la correspondencia entre la declaración del Génesis de que "fueron acabados los cielos y la tierra" y el grito de triunfo de Cristo en la cruz, "¡ Consumado es!" (Juan 19:30)? Y, ¿cómo podremos obviar el hecho de que el reposo sigue, como sucedió en la creación y en el Calvario, a una obra terminada? Entramos en el reposo de Cristo, sólo a medida que recitamos su muerte y resurrección. Sugerimos la aplicación de estos principios, tanto para la forma como para el espíritu del reposo cristiano.

Mediante la Práctica de la Etica Cristiana. El creyente está llamado a vivir en cierta forma en vista de las misericordias de Dios para con él (Rom. 12:1; 2 Cor. 7:1). Vimos que la ética de Israel estaba fundada en la redención. Igualmente sucede con la ética del Nuevo Testamento. Se nos exhorta a perdonar, porque Dios, a causa de Cristo, nos perdonó a nosotros (Col. 3:13). No hemos de hablar mal de ninguna persona, porque nosotros también fuimos necios y desobedientes, hasta que la bondad y el amor de Dios nos trajeron salvación (Tito 3:2-7). Hemos de ser misericordiosos debido a la anonadante misericordia de Dios hacia nosotros. Debemos poner a muerte las obras de la naturaleza pecaminosa, porqueDios reconoce que estamos muertos, toda vez que estamos incorporados en la muerte de Cristo (Col. 3:1-5). Si separamos los imperativos del Nuevo Testamento del contexto de sus indicativos (El Evangelio), la ética degenera a moralismo. Por lo tanto, toda ética cristiana verdadera conlieva actos hechos en recordación del Calvario. Cuando Dios recuerda su pacto, él actúa. Cuando nosotros recordamos su pacto, nosotros actuamos. Esto es lo que significa el dinámico concepto bíblico de recordar. Podríamos llamarlo fe. La fe no es una opinión ociosa que se escurre por la mollera del cerebro. Es un principio que vive las implicaciones de la muerte y resurrección de Cristo.

"Todo lo que no es de fe es pecado" (Romanos 14:23). Obras buenas son aquellas cosas, hechas en recordatorio agradecido del Calvario. Cualquier actividad no relacionada con la muerte y resurrección de Cristo es pecado. Pecado es la disposición de querer la criatura tener significado en sí misma. Pecado es una existencia que no recita, ni tampoco puede, la muerte y resurrección de Jesús. Esto no sólo incluye una flagrante violación de su ley moral. Incluye cualquier forma de piedad, religión o devoción que no señale aparte de sí misma hacia la muerte y resurrección de Cristo. El mundo podría mirar al comportamiento de la comunidad cristiana y ver alil una epístola viva del Evangelio de Cristo.

En el Orden de la Vida Natural. Vivir como cristiano no significa hacer cosas espectaculares. Significa hacer cosas comunes en recordatorio de la muerte y resurrección de Cristo. Dios ordenó esta vida en la forma de un ciclo continuo de comer y beber, trabajar y descansar, dormir y levantarse, sembrar y cosechar, vivir y morir. En este orden básico de la existencia humana, todos vivimos muy similarmente.

La filosofía pregunta: "¿Cuál es el significado de la vida?" Cuando Salomón pensó tocante al ritmo repetitivo del quehacer en la monótona existencia humana, concluyó que todo estaba vacio y que no perseguía fin alguno (véase Eclesiastés). Los filósofos de nuestra era llegaron a la misma conclusión. El hecho es que la vida humana no tiene significado en sí misma. Nada del orden creado tiene significado en sí mismo.

El apóstol Pedro declara que Cristo murió para librarnos de esta existencia humana sin sentido (1 Ped. 1:18). Y Pablo confiesa: "Para ml el vivir es Cristo" (Fil. 1:21). La muerte y resurrección de Cristo dan significado a toda la existencia humana. El mandato "Haced esto en memoria de mi" se convierte en un principio que se aplica, no sólo a la cena, sino a todo aspecto de la vida humana. La vida se convierte en un sacramento, en una recitación, en una celebración del acto salvador de Dios en Cristo Jesús.

Cuando el creyente come, debe comer en recordatorio de la muerte y resurrección de Cristo. Debería reconocer que tiene comida en su mesa, porque Cristo murió y se levantó otra vez. Ningún santo ni pecador come su pan de cada día sin constituirse en un recipiente del beneficio del Calvario. Si Cristo no hubiera muerto, esta tierra hubiera perecido bajo la maldición de Dios. Pero por causa de Cristo, Dios puede enviar lluvia y sol sobre justos e injustos. Así que, para el creyente, toda comida se convierte en un sacramento donde reconoce el cuerpo del Señor. Cuando el creyente bebe, recuerda que Cristo es aquella Roca herida de la cual fluye el agua de la vida eterna. Cuando entra en el refugio de su hogar, recuerda que Cristo es,

... escondedero contra el viento, y como acogida contra el turbión.-Isa. 32:2.
Torre fuerte es el nombre de Jehová; a él correrá el justo y será levantado.-Prov. 18:10

En todas sus necesidades diarias-comida, bebida, refugio y vestido-el creyente recita porque, mediante su muerte y resurrección, Cristo se convirtió en el Pan de vida del creyente, en su Agua de vida, y en su Refugio contra la ira de Dios.

Cuando nos acostamos a dormir, nuestras vidas terminan, porque sólo vivimos un día a la vez. Es por buenas razones que se compara la muerte con el sueño. Al final del día, debemos recitar la muerte de nuestro Señor Jesucristo. Encomendemos a Dios nuestra vida como él lo hizo en la cruz, sabiendo que, tan seguramente como él se levantó de los muertos, nosotros también volveremos a levantarnos. Sus misericordias nos son renovadas de mañana en mañana, porque él se levantó de entre los muertos y ahora intercede por nosotros a la diestra de Dios.

Cada vez que nace un niño en nuestra casa, tenemos ocasión para recitar el don de Dios:

Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado.-Isa. 9:6.

No tenemos razón alguna para regocijarnos en el nacimiento de nuestros niños aparte del niño Cristo. No hay significado en la vida ni futuro para nuestros hijos aparte de su muerte y resurrección.

También el casamiento es un buen tiempo para celebrar esa unión que únicamente puede dar significado y propósito a la institución matrimonial. La boda cristiana recita que "Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella" (Efe. 5:25). La enfermedad y el sufrimiento son también ocasiones para recordar que Cristo llevó nuestras enfermedades (Isa. 53:4), y sufrió por nosotros (1 Ped. 2:21). Aún cuando se lo llama a entregar su vida, el cristiano tiene ocasión para recitar la muerte de Cristo. Debido a su muerte, la muerte del creyente se torna en una bendición. Su vieja naturaleza corrupta, manchada y contaminada con el mal, queda depositada en la tumba para resucitar en incorrupción, vestido a lasemejanza gloriosa de su cuerpo (1 Cor. 15:50-55; Fil. 3:21).

Así como la vida queda llena de significado en vista de la muerte y resurrección de Cristo, nada tiene significado a menos que lleve relación con el que murió y volvió a levantarse. Cristo es el significado de toda la vida. Comprender esto hace de la vida un sacramento, una recitación y celebración de la muerte y resurrección de Cristo. Este espíritu de celebración es la vida celestial. Y Cristo mismo, mediante su continua intercesión, recita su sacrificio. Los ángeles, los veinticuatro ancianos y las criaturas vivientes jamás cesan de recitar su muerte y resurrección.

Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro, y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y nos has redimido para Dios con tu sangre, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.

Y miré, y ol voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los animales, y de los ancianos; y la multitud de ellos era millones de millones. Que decían en alta voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder y riquezas y sabiduría, y fortaleza y honra y gloria y alabanza. Y ol a toda criatura que está en el cielo, y sobre la tierra. y debajo de la tierra, y que está en el mar, y todas las cosas que en ellos están diciendo: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la bendición y la honra, y la gloria, y el poder, para siempre jamás.-Apo. 5:9-13

Aquello que llamamos santificación es la glorificación o vida celestial iniciada en el aquí y ahora. Vivir en el espíritu de recitación y celebración de la muerte y resurrección de Cristo, en todo cuanto emprendemos y hacemos, tal es la esencia de la santificación cristiana.



1. Jacques de Senarclens Heird of Reformation pag 189
2 véase a Robert D. Brinsmead en su obra, Covenant, para una discusión más detallada.
3. La palabra que la New International version traduce como "promesa" viene de la palabra griega eperotema. Evidencia reciente, obtendia de los papiros, muestra que es un término legal asociado con pactos o contratos for- males.

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